Paris Jackson, good luck sweety

Anoche escribí una breve reseña sobre la intervención de Paris, la nena de los Jacksons en el funeral de su padre. Como tantas otras veces,escribo entradas que luego no me gustan.Las borro, y "aquí paz y después gloria".


En este caso , uno de tantos en los que me he dejado llevar por los sentimientos, por un viento irracional , por la visceralidad, etccc....creo que me equivoqué al borrar la reseña.

No hablaré de lo que sentí anoche al ver a esa criatura huérfana de padre, y , claro, en este caso, de vida. Parece claro. Hay que ser muy cínico y muy crítico musical para tachar el funeral de Jackson de "circo". Eso eran lo que esperaban los pedantes y se encontraron con un acto exquisito, sobrio, recogido, respetuoso, silencioso, a pesar de su trascendencia internacional.

Los pedantes de la crítica, que suelen parecer más allegados a la estrella que su propia familia, quizá desconozcan el derecho que otorga el amor de una familia. Es el derecho que permite a una niña alabar el amor de su padre en público. No hay circo cuando hay niños (qué contrasentido ). Nadie tiene más derecho a honrar la memoria de su "dady" más que una hija.

Si "dady" no hubiera sido famoso, una gran estrella internacional, estaría bien visto. Sería conmovedor, al estilo entierro español. (¡ Cómo sufre esa familia, cuánto le querían!). Pero si hablamos de alguien mundialmente reconocido es circo. Insisto, los niños y el circo son lo más diametralmente opuesto.

Los pedantes, que los hay, y muchos, en el panorama de la crítica musical ,deberían andar buscando el alma , que, espero, no se la hayan vendido al Diablo. Deberían andar buscando la sencillez de las cosas, el discurrir normal de la vida. Un hija llora a su padre porque es Ley de vida. Es tan sencillo. Pero, claro, ese discurso no da dinero.